Thomas Carlo Lay: “Así es como cumplí el sueño de trabajar con Igarashi-Sensei»

Su sueño, desde siempre, había sido trabajar con la famosísima mangaka Yumiko Igarashi. Con terquedad, sacrificio y determinación logró hacerlo realidad. Es la historia de Thomas Carlo Lay, artista italo-francés de religión judía, con quien hoy tenemos el inmenso placer de conversar.

Entrevista realizada por Brigida Miranda, para visitar el enlace original haga click aquí

Hola Thomas, gracias por concedernos esta entrevista. Háblanos un poco sobre ti y de cómo nació tu gran pasión por el mundo del manga.

Tuve la fortuna de ser niño entre los años 70 y 80, un período absolutamente irrepetible, donde todo era nuevo e inimaginable.
Quien fue niño en ese entonces, tuvo realmente mucha suerte. La pacífica invasión de la televisión japonesa llamó inmediatamente mi atención sobre un elemento en específico: los gráficos de las series televisivas made in Japan.

Más que las historias, me interesaba el estilo de las series que elegía ver. Por lo tanto, las seleccionaba en base a su estética. Inmediatamente comencé a practicar mi dibujo copiando algunos personajes, como de hecho lo hicieron muchos otros niños, para poder reproducir estos héroes a mi gusto.

Estaba consciente de que tenía un don (en realidad había estado dibujando desde que asistía al jardín de infantes) y, con la llegada del anime a la televisión, mis habilidades «explotaron», encontrando de forma natural su propia dirección. Al recordarlo hoy, me doy cuenta de que también tenía una mayor habilidad para reproducir personajes específicos, mientras que con otros, aunque los amaba mucho, batallaba para captar su esencia.

Está claro que, aún inconscientemente, incluso el dibujo fue la elección de una predisposición estilística.

Conforme crecí, seguí dibujando mis cómics (en aquella época ni siquiera conocía la palabra «manga»). Siempre dibujaba, sin descanso. En la escuela primaria, secundaria, luego en la secundaria artística… mi pasión por el manga/anime de la vieja generación no se desvaneció en lo más mínimo. De hecho, con el paso del tiempo, aumentó. Junto a mi pasión por Japón, que era la patria de origen de aquello que amaba. Especialmente los mangas de Yumiko Igarashi.

Pero hubo un factor muy importante que facilitó esta pasión: tuve la fortuna de tener como vecinos a una familia italo-japonesa: ¡para estar en Japón, bastaba cruzar la calle! Y así, frecuentando asiduamente a mis vecinos e investigando constantemente sobre el Japón, decidí irme a vivir allá una vez que creciera. Todavía no tenía en mente cuál sería mi objetivo, solo tenía la certeza de que llegaría.

Tu sueño fue siempre el de trabajar con Igarashi-sensei y lo lograste gracias a tu tenacidad y determinación. De hecho, eres un auténtico pionero en el sector, ya que fuiste el único «extranjero» que se formó directamente en Japón. Cuéntanos cómo sucedió.

Llegué a Tokio gracias a la agencia de modelos con la que trabajaba en París, que tenía una oficina en la capital japonesa. Pero mi verdadero objetivo era conocer a Yumiko Igarashi.

Sucedió que durante una fiesta de Navidad organizada por ese grupo (la agencia de modas Friday), conocí a un periodista a quien le pregunté muy directamente por la dirección de Igarashi. ¡Es muy fácil obtener cierta información, si se juega con astucia!

Así que una tarde de mediados de diciembre tomé un taxi y me presenté, sin previo aviso, en la residencia de Igarashi (donde también se ubicaba lo que en aquel entonces era el estudio de su casa de producción, AI Production). Me recibió su madre y me dijo que Sensei dormía… «¡¡¿¡A esta hora !!?!», pensé, ya que eran alrededor de las cinco de la tarde. Entonces no tenía la más mínima idea de cómo se organizaba la dura vida de un mangaka. Dejé mi número de teléfono móvil y un boceto de Candy Candy. Nunca pensé que me contactarían, en cambio como por arte de magia… una semana después recibí una llamada telefónica de su representante, quien me invitó al evento de lanzamiento y firmas del único volumen de Romeo y Julieta, que estaba por estrenarse durante la temporada navideña.

Con el corazón en la garganta me presenté a la cita, haciendo fila junto a una gran cantidad de fans. Cuando llegó mi turno estaba medio paralizado por la emoción: tenía a mi ídolo frente a mí. Ella hizo aún más: me invitó a quedarme hasta el final de la dedicatoria de firmas y a cenar juntos. Pensé que estaba soñando, pero todo era verdad. Le dije lo mucho que amaba su trabajo, lo que Candy había representado para mí cuando era niño… todo esto irrumpió en su corazón y comenzamos a hablar de una hipotética colaboración futura.

Claramente primero era necesario poder hablar japonés y mejorar en el dibujo, específicamente en la técnica del manga. Elegí entonces una escuela de japonés, a la que asistí durante dos años: mientras tanto se estableció una relación de gran afecto con Igarashi y nos hicimos amigos. Después llegó el momento de encontrar la escuela adecuada de manga y, nuevamente gracias a Sensei, fui admitido en el curso de formación de un año (el único extranjero en la historia de la academia). Era una escuela extremadamente cara: literalmente tuve que hacer todo lo posible para pagar mis gastos, aunque admito que recibí un gran apoyo de la propia Igarashi, quien también era una de las guest teachers (maestras invitadas) que alternaba con otros grandes maestros. Pude seguir las clases de verdaderos monstruos sagrados del manga, como Chiba Tetsuya, Matsumoto Leiji, Shirato Sanpei.

Y así, a la edad de 24 años, alternaba los estudios en la escuela por las mañanas, el trabajo como modelo, la enseñanza del idioma italiano y cocina italiana en varios centros culturales, y mis tareas de la escuela por las noches, casi siempre bajo la atenta mirada del personal de Igarashi.

Al mismo tiempo, también comencé a poner en práctica las enseñanzas escolares, contribuyendo en la aplicación de color a algunas viñetas que se producían en ese momento, justamente de Candy.

¿En qué obras trabajaste con Igarashi-sensei?

Inicié con Anna de las tejas verdes, pasando por todo lo que ella produjo hasta el 2001. Por desgracia, sin saberlo, también trabajé en esas ilustraciones destinadas a los famosos bootlegs, que después serían la causa de los problemas legales en la marca Candy Candy.

Tu gran pasión te ha permitido dar vida a un proyecto increíblemente innovador: contar tus raíces judías a través del manga. ¿Qué proyectos tienes en este momento o en el futuro inmediato?

Desafortunadamente, debido a la pandemia del covid, mi proyecto ha sido «suspendido» temporalmente. Me refiero a las exposiciones, sobre todo las que estaban programadas en el extranjero. Realmente espero que haya una recuperación real lo antes posible, en 2022. Me gustaría mucho una publicación de mis trabajos, seguro. Ya veremos, de momento todavía es posible encontrar postales y algunos grabados en el Museo ebraico di Venezia (Museo judío de Venecia).

Ilustraciones de Thomas C. Lay – Instagram @jewish_manga_art

En la web circulan a menudo teorías controversiales sobre el hecho de que las dos madres de Candy no estaban realmente de acuerdo con el contenido de la historia, en particular con el final. ¿Tú has hablado sobre esto con Igarashi-sensei?

Sí, hablamos mucho de eso. Desmiento categóricamente estas teorías de desacuerdo sobre la historia entre Nagita e Igarashi. La historia que conocemos, a través de la televisión y el manga, es el resultado de una colaboración constante y reciproca entre las dos autoras, mantenida entre otras cosas en los años posteriores al boom japonés de Candy.

Entonces, ¿puedes confirmarnos que la disputa legal se originó solo por problemas de derechos de autor y no por el contenido de la historia?

Por supuesto, así fue. Lo que provocó esa disputa legal fue solo el uso «indebido» de los derechos de autor por parte de Igarashi. Quien, siendo la creadora de los personajes gráficos, creía que tenía derecho a seguir trabajando exclusivamente en la parte gráfica, que es la suya.

¿Hay dudas en Japón sobre el final de Candy Candy?

No, ninguna duda acerca de eso. Nunca ha habido un motivo para «malinterpretar» o «interpretar a voluntad» una trama claramente representada en las páginas de Nakayoshi, o en la serie producida por Toei Animation.

¿Igarashi-sensei te dijo algo en confianza sobre las vicisitudes de la historia de Candy (cortes, cambios en el progreso de la obra u otros)?

No explícitamente. La historia era mucho más larga y estaba llena de anécdotas, imposibles de resumir en los nueve volúmenes producidos. Fue el mismo Kodansha quien pidió a las dos autoras que hicieran recortes sin distorsionar la trama original. El éxito de Candy estuvo íntimamente ligado a la producción de gadgets, por lo que era impensable imaginar un objetivo de público póstumo al boom original. En Japón, todo se consume muy rápidamente. Candy tuvo un período de gloria de más larga duración en la madre patria, sobre todo gracias al hecho de que también le gustaba a los adultos, a los padres de los niños que la seguían por televisión. Un éxito que seguramente después se repitió indefinidamente, en el resto del mundo. Pero definitivamente no imaginado por sus madres.

Como usuario del anime, ¿puedo preguntarte si tú, personalmente, alguna vez creíste en el final modificado en Italia? ¿Crees que este influyó en la división que aún hoy existe en el fandom, entre los seguidores de Terence y Albert?

Naturalmente, supuse que el final era lo que se nos mostró en Italia, a través del doblaje televisivo, modificado con respecto a los diálogos japoneses originales; hasta que tuve la oportunidad de escuchar y ver el último episodio en VHS en Tokio.

Esto también me hizo entender que el manga y la serie de televisión tienen en realidad exactamente el mismo final (aunque en el manga es aún más claro que Candy y el tío William / Albert enfrentarán el futuro juntos, como pareja). Sin embargo, a pesar de todo, esta evidencia continúa creando divisiones sin sentido entre los diversos partidarios de Terence.

Thomas Lay dibujado por Yumiko Igarashi

Nota: Todas las fotos e imágenes son cortesía de Thomas Carlo Lay.


Agradecemos a Brigida Miranda por la realización de esta entrevista y por el permiso de compartirla en este sitio. La entrevista original en idioma italiano pueden encontrarla en:

THOMAS CARLO LAY: “ECCO COME HO REALIZZATO IL SOGNO DI LAVORARE CON IGARASHI-SENSEI”

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